Hace ya algún tiempo que quería embarcarme en la aventura de hacer una mermelada y después de haber hecho ya dos versiones, solo puedo decir que es muy gratificante! Especialmente cuando resulta que no son tan complicadas de hacer y que el sabor no tiene nada que ver con las mermeladas que se compran en el súper. Lo mejor de todo es que podéis hacer vuestras propias versiones con especias o diferentes tipos de frutas.

Las especialistas del tema hacen la mermelada en olla de cobre porque el calor se reparte por igual en todo el recipiente y es ideal para cocciones largas de este tipo. Incluso he descubierto que existe una especie de Termomix de las mermeladas que además de programar y mantener la cocción, remueve el contenido de forma regular ella solita. Igual me la compro cuando el tema fabricación vaya a más y yo sea mujer de negocios, de momento sigamos con el método casero…

En cuanto a cómo dar con el dulzor adecuado, yo no soy muy partidaria de las mermeladas extra-dulces así que me lancé a hacer mi propia versión, miré por Internet, vi algunas recetas que me inspiraron y decidí hacer una con menos azúcar y un toque diferente, ahí van las claves!

1 kg de melocotones (6 unidades)

500 g de azúcar moreno

el zumo de medio limón

1 cucharadita de canela

Lo primero y más importante es escoger unos melocotones que estén en su punto, más bien maduros.

6 melocotones maduros

Después hay que pelarlos y trocearlos. A mi no me gusta triturar las mermeladas al final así que dejé unos trozos más bien medianos, con la cocción acaban menguando bastante.

melocotones troceados

Lo siguiente será exprimir el medio limón y dejar los melocotones macerar junto con el azúcar, todo mezclado, por lo menos durante 24 horas. Veréis la cantidad de zumo que suelta, es impresionante!

exprimir el limón

añadir el azúcar moreno junto con el limón

Y transcurridas las horas de rigor, ahora solo hay que poner la olla a fuego muy suave durante muuuchas horas, removiendo de vez en cuando, especialmente en la última etapa en la que se suele espesar mucho y pegarse al fondo. Ojito en este punto porque se os puede arruinar todo el proceso al final, no hay nada peor que una mermelada con sabor a azúcar quemado…

Creo que la tuve al fuego por lo menos 3 ó 4 horas. A mitad del proceso le añadí la cucharadita de canela porque no quería que se “tostara” demasiado el sabor. Y tampoco eché mucha porque lo mejor es que le de el toque, no que camufle el melocotón.

voilà ! la mermelada ya está lista

En cuanto a la cocción, lo ideal es que alcancéis el espesor y el tamaño de los trozos que más os gusten. Y a la hora de envasar la mermelada es mejor que esperéis a que esté templada para evitar que el frasco se rompa. Eso sí, los botes tienen que estar bien limpios y las tapas también, para ello meter botes y tapas por separado durante un rato en agua hirviendo. Una vez tengamos la mermelada en el frasco, hasta arriba pero sin rebosar, hay que cerrarlos bien y cocerlos al baño María.

Lo último que hay que hacer como siempre es degustar y repartir!! No hay nada como recibir un bote de mermelada casera! Por no decir que os estaréis llevando la medalla al cocinero o cocinera más avezad@ de cara a vuestros amigos/familiares! Con estas cantidades os saldrán unos 5 botes pequeños.

Para terminar os dejo un vídeo,

Bon appetit !

He aquí tres canciones, para mí catárticas, de esas que te hacen cerrar los ojos mientras las escuchas a todo volumen y que te elevan a un estado de placer mental máximo.

Las tres son de dos de los grupos que más me gustan. Si tuviera que decir alguna canción más tal vez ahora no podría, revelar tales secretos es como encontrar pepitas de oro en el río. Estas ya me inspiran toda esta intimidad.

La primera es una de mis viejas conocidas de Final Fantasy, completamente diferente a casi cualquier tipo de canción y con el típico crescendo a lo Arcade Fire. Demos gracias a The Knife por reinventar el xilófono.

La segunda me encanta escucharla si mientras veo este vídeo que alguien grabó una tarde en la playa con su novia y que consiguió sincronizar perfectamente con la música de Grizzly Bear en un juego de imágenes ralentizado de enorme belleza.

La tercera me deja sin palabras. Es lo más parecido a Yann Tiersen que haya escuchado y lo mejor de todo, que todo parece indicar que no era esa la pretensión. Delicado, creo que merece la pena ver como Pallett va construyendo él mismo su propia canción. Precioso.

Canciones para dejarse llevar…

y para hacer el bien.



Hace ya un par de años, cuando todavía vivíamos juntas en Madrid, justo delante de la plaza de toros de las Ventas, Rita hizo un día un maravilloso pastel conmemorando la visita de Salvatore.

Ese pastel de manzana quedó grabado en mi recuerdo como un tierno y delicado conjunto de manzana y canela perfectamente unidos en santo matrimonio dentro de un sandwich de suculenta galleta.

Pues bien, le he pedido la receta aprovechando que tenía que llevar un dulce al curro por mi reciente cumpleaños y he aquí que he preparado el Apfelkuchen para que toméis nota de como lo llaman en Alemania, un bendito pero laborioso regalo de los dioses germanos que Rita tuvo a bien importar a nuestro hogar.

No os voy a engañar diciendo que es facilísimo de hacer, a mí, tal vez por la falta de destreza con las masas, me ha llevado toda una tarde hacerlo, pero lo que puede llegar a compensar este pastel no alcanza uno a expresarlo en palabras. Ya lo he catado y lo han catado y, o todo el mundo me engaña o está de muerte.

Los ingredientes del Apfelkuchen (me vais a permitir que lo ponga una y otra vez, ningún otro título suena mejor) no son nada rebuscados, incluso diría que casi no hace falta comprar nada. Copio y pego tal y como me lo pasó Rita.

600g harina
4 cucharaditas de levadura
200g azucar
2 cucharaditas de azúcar vainilla
2 huevos
2 cucharas de leche
300g mantequilla (seguid leyendo, no os dejéis llevar por este mísero detalle)

Relleno:
2 kg de manzanas
1/2 cucharadita de canela
50g de pasas
3 cucharaditas de azúcar

Los pasos, vamos a por ellos:

1* Lo primero que hay que hacer es pelar los dos kilos de manzanas y después descorazonarlos (oh!), una tarea nada baladí si no tienes la herramienta adecuada.

2* Después pasamos a cortar los trozos de manzana en cubos más pequeños, en daditines, porque luego los tendremos que cocer en una cacerola.

3* Preparamos la cacerola, que ha de ser grande, y ponemos todos los trozos de manzana, llenamos hasta la mitad aproximadamente de agua e incorporamos el azúcar, la canela y las pasas. Esto lo mantenemos así hasta que veamos que la manzana ya está blanda (unos 40 minutos). Después dejaremos enfriar.

4* Nos metemos entonces de lleno con la masa. Recopilamos todos los ingredientes necesarios y formamos el típico volcan con todo ello en cuyo cráter pondremos los dos huevos y el poquitín de leche para rematar (mantequilla incluida). Entramos a amasar con las manos hasta que la masa vaya cogiendo forma.

5* Entonces tenemos dos opciones o amasar con el rodillo o hacerlo como nuestras madres. Yo con el rodillo lo intenté pero no me pareció muy práctico así que seguí con las manos.

yo amasando

6* Cuando la masa esté lista la cortamos en dos trozos y extendemos uno de ellos sobre papel vegetal de tal forma que quede fino para la base. Con la otra mitad haremos lo mismo para formar la “tapa” del Apfelkuchen.

la base extendida y resto de ingredientes

7* Una vez que la masa esté lista y nuestra manzana algo más fría, retirar los restos de caldo e incorporar únicamente los trozos sobre la masa. El caldo, que queda dulce y con sabor a canela, creo que lo aprovecharé para cocinar algo de pollo, que tiene pinta de quedar bien.

8* Entonces ya solo nos queda cerrar el Apfelkuchen. Sellamos las dos mitades (ojo con la masa que se rompe), hacemos alguna chorrada de adorno como yo he hecho y tal cual lo metemos al horno a unos 180º y durante unos 30 minutos o hasta que esté doradito.

tapa puesta y decoración

9* El útlimo paso será el más gratificante, el de la cata, y entonces espero que os acordéis de esta práctica receta, de una servidora y de Rita y sus orígenes teutones a los que damos gracias!

listo para comer

Viva el Apfelkuchen!

ps: os subo un vídeo que he encontrado en Vimeo. Como veréis es una variante porque en esta receta la fruta va en crudo y además lleva almendras. Me chifla el pelador de manzanassss!!!!

A las almas sensibles nos gusta saciar diferentes aspectos de nuestro yo nutriéndonos de cosas cotidianas, las que nos rodean, mucho mejor si además nos inspiran, de ahí la importancia que pueda tener, para algunos entre los que me incluyo, el cine de autor. Tal vez Noche en el museo no nos haga reflexionar sobre la insoportable levedad del ser pero puede arrancarnos unas cuantas risas poniendo el cuentakilómetros mental a cero. He aquí la importancia de saber sacarle el partido a todo (mientras se pueda) y no abusar del ejercicio de nuestro desdén, algo perfectamente aplicable en los dos sentidos. Con el tandem de películas que he visto este fin de semana puedo decir que he conseguido, sin planearlo, una combinación perfecta: un bocata de jamón con tomate, una cerveza con unas olivas, un gin tonicfílmico diría yo. Las dos pelis vienen a ser más rollo ginebra, por las cotas que alcanzan en el dramómetro, pero se complementan bastante bien entre si. Absolutamente desaconsejable verlas el mismo día. Mientras que una fluye, la otra por momentos se detiene, mientras que una permanece con los pies en la tierra, la otra levita. Mientras que una te lo cuenta, la otra te lo muestra. Una se desarrolla entre India y Copenhage y la otra entre Bélgica y Perú.

Sidse Babett Knudsen en una de las escenas

After the wedding, Sussane Bier (2006), es una de esas pelis que arrancan con una trama aparentemente anodina en la que el destino de cuatro personas parece cruzarse por casualidad. Pero nada es casual en esta vida. De nuevo, una oportunidad para constatar que cada vez que se hace un discurso de brindis en Dinamarca sube el pan, véase Celebración. Sin embargo, y a diferencia de la película de Thomas Vinterberg, en ésta se quieren. Atención, todos los actores actúan de forma soberbia.

Mads Mikkelsen en una escena de After the wedding

Es una historia muy humana, desgarradora como la vida misma. La directora disecciona con sutileza cada una de las miradas para que nos pongamos en el pellejo de sus personajes. He dicho que fluye porque es una película bastante lineal, casi sin riesgo narrativo pero que selecciona muy bien sus elipsis y ejercita saludablemente nuestro sobreentendimiento. Preparad los kleenex.

Altiplano, un ejemplo de foco rembrandtiano

Altiplano, Peter Brosens, Jessica Woodworth (2009), es un poema visual, un regalo tremendamente bello que se suspende en el relato de las injusticias que nos infringimos los unos a los otros. Con una Magali Solier que despliega toda la actuación que tal vez algunos echaron en falta en La teta asustada. Lo más bonito de esta película, y también de la anterior, es que existe una dualidad súper diferenciada entre los dos lugares en los que se desarrollan. Si hay algo que, en las dos, caracteriza al país subdesarrollado es cómo conserva su tradición de forma intacta, así como su naïveté, algo mucho más valorable que todas esas cosas materiales de las que nos rodeamos.

Jasmin Tabatabai en Altiplano

Lo cruento es cómo el desconocimiento lleva a todo un pueblo a manipular de forma fetichista un mercurio que brota de la tierra sin darse cuenta de que es lo que les está envenenando. La aparición de este mercurio está ocasionada por la extracción de plata que están llevando a cabo unos holandeses en una mina a pocos kilómetros del lugar. En Altiplano todos los personajes arrastran su propia carga personal. Los que queden compartirán su redención llevando a cuestas a una virgen por la serranía de Arequipa. Mientras tanto, los directores nos ofrecerán momentos de preciosa, pictórica fotografía en los que la narración se horizontaliza dando paso a lo simbólico, con parajes y momentos que rozan lo rulfiano y una calidad visual que conmueve sin necesidad de usar la palabra.

Magali Solier en Altiplano

Por último añadir que la historia que Altiplano ocurrió en la vida real en el año 2000 y que ambas películas han recibido incontables premios que dejo en manos de la curiosidad del lector el placer de descubrir.

He de confesar que nunca había hecho un risotto porque soy más de cocerlo antes y luego añadirlo a la sartén, pero tenía muchas ganas de probar con la célebre fórmula y ayer, que estaba aburrida, me puse a crear.

Os presento a mi “Risotto improvisado”, básicamente, porque le eché de lo que tenía, nada rebuscado, pero joder, el resultado fue genial, para ser la primera vez…

Que le puse?

1/2 berenjena

1/2 calabacín

1/2 cebolla

tomates secos (mercadona)

guisantes

1 1/2 vasos de arroz

nata líquida (a ojo)

1/2 pastilla de caldo de verduras

agua

aceite

sal y pimienta

Pues la receta es tan fácil como empezar picando las verduras y cortar los tomatillos en trocitos para ponerlos en la cacerola con el aceite.

Nota: si no quieres que la berenjena absorba todo el aceite cual esponja, métela medio minuto ya troceada en el microondas.

Cuando las verduras estén en su punto, añade el arroz y mézclalo bien. Deja que se cocine todo un rato pero con cuidado de que no se te pegue al fondo de la cacerola.

Para cuando veas que le toca, añádele el doble de agua (caliente) de lo que le pusiste de arroz y la media pastilla de caldo de verduras. En este momento también le puedes añadir los guisantes, para que no se deshagan. La nata se la puedes echar cuando quieras. Y nada, solo queda esperar a que el arroz se ablande. Puede que necesites añadirle un poco más de agua (caliente) a mitad de la cocción y para entonces puede que tal vez te apetezca añadirle un poco más de nata, pues sí, todo vale, es improvisado.

Los he visto que le ponen queso también, yo no lo he hecho, porque quedó bastante cremoso y por cierto, ¡bastante rico!

Hablar por las mañanas me es casi tan difícil como el oler el humo de un cigarro. Me despierto ya a duras penas aún de noche en invierno o en fresca y azul mañana en verano, tras unas cuantas horas de regocijo personal. Huesped privilegiado de mi cama, que no empieza el día sino que acaba la noche, me incorporo lenta primero sobre el costado, cogiendo un impulso vago sin ganas ni fe, con la cabeza a remolque como si yo entera fuese una marioneta. Mi pelo siempre amanece de lado.

Despiero aún sin saber por qué me veo en la obligación de hacerlo y poniendo siempre en duda (todos los días, no falla) que algo merezca que lo haga, me sumo a la rutina de los despertares: buscar a tientas las gafas, colocármelas para ver si es que veo, levantarme como si tuviera 90 años, buscar cualquier cosa para ponerme y vestirme rápido porque ya me he comido los quince minutos del desayuno.

Levantarse pronto es insano y deprimente. Es imposible que me levante con energía habiendo tenido que abandonar mi placenta favorita en ese típico estado de turbidez mental a caballo entre lo onírico y lo real.

Como iba diciendo, hablar en medio de este rictus es algo que me duele, me cuesta y me pone de mal humor aunque hace ya tiempo que nadie me hace materializar este esfuerzo. Con un poco de suerte no tendré que hacerlo hasta que llegue al trabajo para cumplir con los obligados saludos. Si no, tal vez haya alguien que me joda la vida preguntándome si me voy a bajar en la siguiente parada. Esos a los que aún la RAE no ha etiquetado pero que yo vengo llamando los cagaprisas.

HE AQUÍ QUE TÚ ERES HERMOSO, AMADO MÍO, Y DULCE

El otro día estaba pensando en qué preparar de dulce para llevar de visita el finde y sentía no haber tenido tiempo de hacer algo durante la semana. Sin embargo, cuando estaba a punto de tirar la toalla, me dio por mirar en uno de los libros de Escuela de Cocina de Grijalbo que tengo en casa, el dedicado a las Verduras y he aquí que encontré al final una receta que me llamó mucho la atención.

Un Pastel de chocolate con ¡¿calabacín?! ¡qué raro!

Me puse a mirar los ingredientes y salvo dos o tres pequeñas cosas sustituibles tenía de todo. Por ejemplo, la receta original propone azúcar moreno y yo le puse azúcar normal, o suero de leche, a lo que yo le puse leche sin más. También añade una cucharadita de cardamomo en el apartado de las especias y de eso, directamente, como no tengo no le puse.

Pues bien, la receta, a pesar de que lleva un montón de ingredientes, es súper fácil y se hace en un momento. Eso sí, creo que tuve el pastel en el horno el doble de tiempo de lo que indica la receta ya que parecía bastante crudo por dentro y claro, al subir bastante, al final tuve que sacrificar la primera capa porque se me había torrado, lo cual no me vino del todo mal, pues al ponerle la cobertura de chocolate quedó mejor, más bonito.

Y el resultado es espectacular! especialmente en estos días de verano que te apetece más meterlo en la nevera y fresquito está de muerte. La textura no es para nada de bizcocho, más bien parece de pudin y eso, en contraste con la cobertura que queda como una corteza da un resultado buenísimo.

Ahí van los detalles:

150g de mantequilla fundida y un poco más para el molde

310g de harina

60g de cacao en polvo y un poco más para espolvorear

2 cucharaditas y media de levadura en polvo

1 cucharadita y media de bicarbonato

1 cuchararadita de canela y otra de jenjibre molido

250g de azúcar

2 cucharadas de aceite de oliva

3 huevos

1 cucharadita de azúcar vainillado

375g de leche

1 calabacín grande de unos 300g

150g de chocolate negro

60ml de nata líquida

En primer lugar tamicé todo lo seco: harina, cacao, levadura, bicarbonato y especias para añadir el azúcar después.

En otro recipiente batí la mantequilla fundida junto con la leche, los tres huevos, el aceite y la esencia de vainilla.

Cuando estuvo todo mezclado, añadí la mezcla de los ingredientes secos (harina, levadura,…)

Y voilà! añadí los calabacines que había rallado anteriormente. La piel no estorba para nada al resultado final así que se puede dejar perfectamente.

Todo esto mientras me tomaba un zumo de naranja con sandía rico. Que por cierto, tiene un sabor así como a chicle… mmmm

Cuando la mezcla estuvo lista la vertí en el molde. Como mi molde es de los desmontables, forré la base con papel vegetal y lo unté con mantequilla. Metí el futuro pastel en el horno que había calentado antes a 180º. La receta dice que hay que tenerlo 50 minutos. Yo creo que lo tuve el doble… aconsejo repetir la prueba del palillo hasta que el ojo clínico te dicte.

Para cuando el pastel estuvo casi listo, preparé la cobertura a base de chocolate negro y nata. Puse un cazo sobre otro algo más grande con agua para que se hiciera al baño maría.

Y cuando saqué el pastel lo desmoldé sobre una rejilla. Y le quité la parte superior (esto no estaba previsto; en la foto ya está sin ella). Cubrí mi pastel con la cobertura de chocolate.

Y ya solo quedó esperar a que se enfriara! Solo decir, que llegados a este punto, espolvorear un poco de cacao por encima es una opción. Antes no, pues caliente lo absorbe todo.

No dejes de perderte otras recetas como el Zumo de frutas de crisis o la tarta alemana de manzana: Apfelkuchen

Yeah, yeah, yeah!! el jueves me desperté casi por los pelos, un poco aturdida y llegué resacosilla al curro, pero eso fue lo de menos sabiendo lo mucho que dio de sí la conspiración femenina de la noche anterior.

El miércoles nuestra querida Ana celebraba su cumpleaños, por lo que organizó una pequeña recepción en su casa a la cual teníamos que acudir con algún plato de nuestra colección fuera dulce o salado, así que pensé, vamos a hacer un pastel-no pastel para comer en compañía y ponerle unas velitas (3 me quedaban).

Así que me puse a mirar en los libros que tengo y encontré en Sabores de Victoria Serra, libro de cocina de los de toda la vida, recetario sin fotos, en papel de libro de bolsillo y obviando detalles como los tiempos de cocción, qué coño! si eres una verdadera cocinera ya los tienes que saber!

Recetas de toda la vida

Este es el libro que tendréis que comprar si queréis conquistar a vuestras madres con sus propias recetas: churros, mantecados, arroz con leche, flan económico, torrijas, buñuelos de viento y un montón de variedades de mermeladas son algunas de sus recetas dulces.

El pastel que hice no es otro que el PASTEL DE CHOCOLATE, para que darle más vueltas.

(Si además de quedar bien queréis quedaros con todo el personal podéis probar a hacer el Pastel de chocolate con calabacín de esta otra entrada)

PREPARAD:

100g de chocolate (yo usé el negro con pepitas de cacao de hacendado que le da un toque brownie)

175g de mantequilla (punto pomada)

200g de azúcar moreno

2 huevos (de los que habrá que separar las yemas de las claras)

200g de harina

1 cucharadita de levadura en polvo

Y PARA LA DECOREISON:

1 tableta de chocolate blanco

100ml de nata líquida

colorantes alimenticios al gusto (fáciles de encontrar en El corte Inglés, claro)

Este pastel es bastante fácil (y calórico diría yo) y queda muy rico (y calórico) por lo que es seguro que vais a conquistar (con sus calorías) a todo el personal.

Vamos con los pasos:

Recopilamos todos los ingredientes del bizcocho.

ingredientes preparados!

Ponemos el chocolate en un cazo al baño maría para que se vaya fundiendo a fuego lento.

fundir el chocolate al baño maría

Después de trabajar la mantequilla reblandecida con el azúcar, separamos las yemas de las claras.

Agregamos las yemas de huevo y seguir mezclando para añadir la harina y el chocolate fundido después. Ojo, también podéis poner entonces la levadura.

mezcla de mantequilla, azúcar, yemas de huevo

La mezcla debe empezar a tener un aspecto esponjoso como se ve en la foto. Ya podéis ir batiendo las claras de huevo para ponerlas a punto de nieve. Solo diré que he utilizado un frasco de cristal agitado con todas mis fuerzas para hacerlo.

Claras a punto de nieve estupendas que dejarán el bizcocho bien esponjoso.

Repartir el futuro pastel en el molde engrasado y hornear a unos 180º durante 30 ó 40 minutos.

¡Empezamos a preparar el decorado psicodélico! Para la crema de chocolate blanco he utilizado casi la tableta entera, la mitad para cada color. Lo he rebajado con la nata líquida, pero a ojo. Lo mejor es que no quede demasiado líquida para que se solidifique después en el frigo.

ingredientes para la decoración: chocolate blanco, nata y colorantes alimenticiosuna vez fundido el chocolate con la nata empezamos a colorear!¡Empieza la diversión!chocolate rosa para decorar!

Esto tiene el mismo color que los Pantera Rosa pero con sabor a chocolate blanco. Y huele rrrrrrico, ricoy después coloreamos de azul para las letrasPasamos al azul para las letras…con la jeringuilla de los chinos súper profesional…que vamos a repartir con la súper jeringa-manga pastelera de los chinosmmmmm rico! y dientes azulesrrrrrica crema azúl! dientes azulillos

Tachán!!!!!!!!

oh yeah! la obra de arte y las tres míseras velas que tenía.

para terminar…. una foto del pastel de chocolate psicodélico en acción!

pastel psicodélico a punto de morir

a punto de morir…los pequeños hijos del pastel

…habiendo dado a luz a los hijillos

BON APPETIT CHAVALADA!


Que un circo o una casa del terror puedan suscitar en nosotros miles de sensaciones dispares, no es nada nuevo. Que un libro lo consiga, tal vez sí.

Criaturas Abisales (publicado por Los libros del lince), de la novísima autora Marina Perezagua, tiene la extraña habilidad de mantener frescas en la memoria cada una de las catorce tramas argumentales que este libro caleidoscópico ofrece. Empezar a leerlo es, ciertamente, adentrarse en un universo paralelo.

Al principio, uno puede pensar que se trata de un ejercicio de toma de conciencia en el que se le da la oportunidad de descubrir el lado turbio de lo humano: esas circunstancias que de puro instinto nos transforman en animales, como la pérdida de control, un accidente o los estados depresivos. Sin embargo, este es un viaje mucho más largo. Muchos de sus cuentos alojan, entre palabras, pequeñas puertas que conducen a lo fantástico, y lo mejor de todo es que lo hacen desde la cotidianidad, como ya le pasara a Alicia en su País. Aquí no hay naipes parlantes o un gato rosa capaz de hacerse invisible, pero sí podremos encontrar una lengua portátil que bien podríamos llevar algunas en el bolso para usar en momentos de estrés o algunas ideas para ahorrar en la factura de la luz a base de movimientos copulatorios.

Que un autor experimentado nos deslumbre con su prosa, no es nada nuevo. Que una autora novel lo haga con estos cuentos literalmente fantásticos, tal vez sí.

Y es que Perezagua no sólo está dotada de un imaginario desbordante, sino que también es virtuosa en la escritura y lo sabe hacer con un lenguaje sin pretensiones (por supuesto, en el mejor de los sentidos), además de aspirar a sorprender al lector con cada uno de sus relatos, tan independientes entre sí como hijos crecidos y maduros.

Recupero la invitación del editor y digo: pasen y vean, déjense fascinar por el lado más lúgubre de la vida, no esperen a comprobar que el animal más retorcido de la tierra somos nosotros mismos, descubran la realidad distorsionada sin espejo que la deforme… ¡Abróchense los cinturones, enfrásquense con Criaturas abisales y déjense llevar por una lectura de lo más fluida y truculenta!

Otra reseña que te recomiendo: Dog soldiers de Robert Stone, un viaje al fascinante país norteamericano de los años 70.

Supongo que mi estupenda receta de zumo de frutas para los tiempos de crisis no es ningún hallazgo para nadie porque es de lo más simple y con frutas de las de todos los días.

El zumo de crisis es barato y lo puedes hacer si tienes a mano unas naranjas, plátano y un poco de miel. No hará falta que se alineen muchos planetas para que dispongas de esta socorrida conjunción en tu despensa. Y la miel, pues bueno, aunque esté aterronada, que es como viene a estar en la mayoría de las casas.

ZUMO DE CRISIS (para una persona), Yeah!:

  • 3 naranjas
  • 1/2 plátano
  • 1 cucharadita de miel

Ea, pues pasamos a exprimir las naranjas, la parte más durilla del proceso. Es importante exprimirlas antes, no vale echarlas a la batidora y punto, bueno, a no ser que quieras comerte el zumo de crisis en lugar de bebértelo.

Cuando tengas el zumo listo, trocea el plátano y ponlo en el vaso batidor junto con la miel. Añade el zumo a continuación.

Y ya lo único que tienes que hacer es batirlo. He aquí otra de las razones por las que este es un zumo fácil y barato. Tradicionalmente yo lo venía haciendo en batidora americana y así el zumo queda divino, con espumita y todo. Pero si no tienes a mano una de estas, pues con la batidora de siempre queda perfecto.

Y eso es todo! un zumo ideal para tomárselo por las mañanas y ponerse las pilas. Ya sabes: 5 frutas ó verduras al día y pasa del Pharmaton.

Hace ya algo más de un año que volvimos de nuestro viaje por la antigua Yugoslavia. Por aquel entonces otro volcán islandés paralizaba los aeropuertos y nos hacía vivir con incertidumbre nuestro regreso. Habíamos pasado por 6 países, conscientes, cada vez que cruzábamos una frontera, de la realidad que conforma este mosaico de culturas y tradiciones. Curiosamente, el único punto en común entre todos ellos es el gastronómico.

Dos semanas de viaje, innumerables horas en autobús, cientos de fotografías, frenéticos cambios de moneda para enamorarnos de unos países más que de otros y observar con respeto el paso de la guerra y de la historia por lo que antes fue un pueblo que ahora forman siete, un abanico con más de nueve etnias y media docena de religiones. Todo ello en un territorio comparable a la mitad de nuestra península.

Hace ya unos días que la noticia de la detención de Ratko Mladic hizo aparición en los periódicos en los que se exhibía la foto de un viejo de aspecto entrañable, sentado y desvalido, con una mueca de extraña perplejidad al verse el centro de atención de no sabemos cuántas personas.

Hace ya unos días que vengo reviviendo todos los encuentros que vivimos durante nuestro viaje y la indescriptible sensación que nos agarró el estómago al conocer al incomprendido pueblo de Kosovo o al entrar en la ciudad de Sarajevo que aún hoy, casi 16 años después del fin de la guerra, se sostiene, digna, con todos sus boquetes y sus charcos que un día fueron golpes de misil.

Poco tiempo ha faltado, como ya hicieran en 2008 con la detención de Karadzic, para que los radicales serbios se hayan manifestado, primero en cientos, ahora en miles, en contra de la detención de este señor y no puede más que vivirse con triste perplejidad.

Resulta impactante descubrir que en el pueblo donde se ha escondido durante todos estos años los vecinos lo estuvieran encubriendo. O ver las manifestaciones que de forma pública y sin pudor se hacen por no creerle culpable. Especialmente porque, como he dicho, hace ya casi 16 años del fin de la guerra pero los rencores parecen seguir latentes en la cabeza de muchos.

En lo que piensa esta gente es algo que me da miedo saber.

y lo que hace ese niño ahí es algo que me da pena descubrir.

Recomiendo no dejarse llevar por las fotos que de él se han tomado estos días. Solo hace falta verle el gesto feroz que gastaba en sus días de gloria o ver algunos de los muchos vídeos que existen en Youtube sobre la masacre donde se le ve saludar con cinismo a cada uno de los autobuses que llegaron a Srebrenica o tocar amablemente la cabeza de los niños que luego haría matar.

He visto muchos pero sin duda el más terrible de todos es este: el momento de la llegada a territorio bosnio de los supervivientes que consiguieron escapar entre los bosques. Estos son los hombres que sobrevivieron a la caza literal de Mladic, a la deshidratación y al cansancio, los hombres que resistieron los trastornos mentales de la persecución que llevaron a muchos a suicidarse por el camino o a matarse entre si.

Las imágenes son durísimas.

No he conseguido pasar de la mitad.

Existen personas que al ofrecernos una parte de su producción, esa que cuecen en sus cabezas ya sea desde la realidad o la ficción, marcan un antes y un después en lo que a nuestra experiencia personal se refiere, obligando a nuestra ingenuidad a dar un paso sin retorno hacia lo que antes era desconocido o prácticamente inconcebible.

En ocasiones es de agradecer que alguien nos saque de nuestra ignorancia y nos descubra lo que hay más allá de nuestras narices pero en otros casos bien nos gustaría habernos quedado en la oscuridad del desconocimiento sin exponer ni nuestra moral ni nuestra sensibilidad.

Personas sensibles, como es mi caso, habrán experimentado ese vértigo con Fargo o con Perros de paja de Peckinpah y se habrán estremecido si han visto recientemente Winter’s bone de Debra Granik o si han terminado de leer la última novela publicada de Robert Stone en España por Libros del Silencio.

Dog Soldiers arranca en lo más profundo de Vietnam, ese mundo fascinante que ya plasmaron en el cine grandes directores como Coppola, Stanley Kubrick, Oliver Stone o Michael Cimino. Converse, el primero de los protagonistas, un periodista mediocre y de carácter pusilánime y anodino, decide embarcarse a Vietnam en busca de algo diferente sobre lo que escribir y desvincularse así del periódico ficticio-sensacionalista local  Nightbeat para el que trabaja y que además es propiedad de su suegro.

Una vez allí la historia pega un giro inesperado y se sumerge en el universo paralelo de los opiáceos en el que Converse, fascinado por la supremacía en el negocio de la bella Charmian, decide hacerse con 3 kilos de jaco que pagará con el dinero que le dieron al vender una obra de teatro que escribió hace tiempo, cantidad de dinero que espera cuanto menos duplicar al pasarla y colocarla en los Estados Unidos.

Para ello contará con la colaboración de Hicks, ex marine y porteador de la droga desde Vietnam que lee a Nietzsche y al que el mismo Converse denomina como psicópata, y con la de su mujer Marge, madre de una niña enganchada a los fármacos con especial predilección por el Dilaudid como Michael Jackson.

Semejante trama en manos de estos traficantes diletantes no puede más que convertirse en una gigantesca bola de nieve, cuando Hicks y Marge eluden a los receptores de la droga y escapan con ella, lanzándose en un frenético viaje al más puro estilo road movie mientras se inician en el uso de la cuchara y la jeringuilla. Converse, que cae en manos del capo tendrá que colaborar con los matones para alcanzarlos, hacerse con la mercancía y salvar así el pellejo.

Inabarcable en el espacio y en el tiempo, es una novela con tantos escenarios posibles que es poco probable que el lector no se diluya en perfecto matrimonio con la trama. Los protagonistas, para nada arquetípicos, darán un giro drástico a sus vidas persiguiendo el único objetivo de hacerse con los 3 kilos de heroína, sin darse cuenta de que acabarán sucumbiendo ante su propia miseria en un centrifugado salvaje.

Es una historia en la que en realidad los reparos morales nunca existieron y en su lugar queda un vacío sobre el cual se salta una y otra vez en forma de curso acelerado de indiferencia y autodestrucción. Robert Stone hace un uso magistral del lenguaje en los pasajes alucinatorios y plantea una historia que abofetea al lector sin ningún tipo de escrúpulos pero que le deja con una sensación de irremediable confort cuando se lee desde la distancia.

Pieza fundamental que no puede faltar en ninguna biblioteca si ya se ha nutrido antes de otros volúmenes del realismo sucio o de la Generación Beat. Únicamente decir que estoy deseando ver la peli: Who’ll stop the rain, traducido al castellano por Nieve que quema.

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