Anoche por fin pude ver La teta asustada, película peruana ganadora en Berlín del Oso de oro en 2009 y nominada al Oscar en 2010.

Una, cuando se enfrenta a una película con estos preliminares, se da cuenta de que tiene delante algo que, cuanto menos, le va a sorprender. Tal vez por lo diferente de la trama, porque en el fondo lo que nos gusta es que nos sorprendan. Tal vez porque es una película peruana y por ello nos puede ofrecer una visión del mundo totalmente distinta. Sin duda este tipo de cine nunca nos deja indiferente.

Yo la vi, como el que se sienta a ver algo nuevo y hecho con las manos, no algo de serie americano. Y expectante me dejé llevar por su tremenda oleada de poesía visual.

Una historia sencilla me vale más que mil palabras. Cuénteme algo distinto, por favor, economice en detalles, no me lo explique todo. Quiero una historia versátil y original y si además me encandila con la imagen, pues mucho mejor. Y sobre todas las cosas, finales abiertos dejan volar a la imaginación.

Con la fotografía puede uno gozar sin límites. Cada plano es realmente valioso, la tremenda armonía en escena y sus colores, una perfecta geometría visual a cada momento. Con algo así no puedo dejar de meterme en la historia. Comprendo y sufro con cada uno de sus personajes.

De igual modo aplaudo la elección de esos planos que no me enseñan pero que no me hace falta ver.

Terriblemente sobrecogedora la actuación de la protagonista, Magaly Solier, con esa belleza tan racial y natural. Es como una bocanada de aire fresco. Ahora la veo en fotos en los festivales a los que ha asistido y maquillada no me parece tan guapa.

Que personajes tan sencillos, para nosotros que estamos tan de vuelta de todo. Que diferentes que somos en el mundo. Tendríamos que tener a nuestro alcance más cine de este tipo, simplemente para llenarnos el alma.

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