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Hablar por las mañanas me es casi tan difícil como el oler el humo de un cigarro. Me despierto ya a duras penas aún de noche en invierno o en fresca y azul mañana en verano, tras unas cuantas horas de regocijo personal. Huesped privilegiado de mi cama, que no empieza el día sino que acaba la noche, me incorporo lenta primero sobre el costado, cogiendo un impulso vago sin ganas ni fe, con la cabeza a remolque como si yo entera fuese una marioneta. Mi pelo siempre amanece de lado.

Despiero aún sin saber por qué me veo en la obligación de hacerlo y poniendo siempre en duda (todos los días, no falla) que algo merezca que lo haga, me sumo a la rutina de los despertares: buscar a tientas las gafas, colocármelas para ver si es que veo, levantarme como si tuviera 90 años, buscar cualquier cosa para ponerme y vestirme rápido porque ya me he comido los quince minutos del desayuno.

Levantarse pronto es insano y deprimente. Es imposible que me levante con energía habiendo tenido que abandonar mi placenta favorita en ese típico estado de turbidez mental a caballo entre lo onírico y lo real.

Como iba diciendo, hablar en medio de este rictus es algo que me duele, me cuesta y me pone de mal humor aunque hace ya tiempo que nadie me hace materializar este esfuerzo. Con un poco de suerte no tendré que hacerlo hasta que llegue al trabajo para cumplir con los obligados saludos. Si no, tal vez haya alguien que me joda la vida preguntándome si me voy a bajar en la siguiente parada. Esos a los que aún la RAE no ha etiquetado pero que yo vengo llamando los cagaprisas.

HE AQUÍ QUE TÚ ERES HERMOSO, AMADO MÍO, Y DULCE

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Mirándose sin ver nada, observando a su alrededor las cosas que antes tenían un sentido, un olor y, por sí solas, significado.

Pensar en el vacío de esa casa le ponía enfermo y le sorprendía lo poco que podía llegar a transmitirle todo ese conjunto por el que un día paso gente tan especial y en el que tantas cosas había compartido.

Detestaba que ahora todo eso solo le recordara a sí mismo, encontrárselo todo tal cual lo había dejado, no tener más olor que el de su cuerpo en las sábanas, el de su sudor en la ropa y eventualmente el del suavizante en el armario.

Ese vacío constante le provocaba una terrible pereza mental a evocar cualquier tipo de recuerdo o a pensar en determinadas situaciones y, a veces, se sorprendía insensible o terriblemente depresivo ante ciertas películas. Verse solo definitivamente no podía ser sano.

Abandonó la casa cerrando la puerta tras de sí con indiferencia, salió a la calle y decidió caminar por hacer, de este modo, algo diferente. Escuchó sus propios pasos sobre el asfalto y cuando se acordaba el sonido de su respiración.

El sol de mediatarde resbalaba pegajosamente sobre su traje de verano y el casco de pelo mojado recién salido de la ducha se convirtió en una esponja hostil al absorber el calor de la calle, creándole la sensación de estar atrapando todos los rayos del sol en su cabeza y licuándolos en forma de sudor.

Escuchó de nuevo sus pasos rápidos sobre el asfalto y entretuvo los dedos de su mano derecha en manipular las llaves ya sudorosas del hogar. Cansado de volver a recorrer otra vez ese camino y sobre todo enemigo de volver a generar nuevos pensamientos, decidió hacer un cambio en su ruta y trazar un zigzag entre las calles que, visto desde arriba, habría podido considerarse como una absoluta pérdida de tiempo.

Ese detalle era sin embargo ciertamente banal pues había salido de casa con suficiente margen como para evitar cualquier posterior carrera incómoda, llamada de teléfono o sudoración excesiva en camisa, traje, frente y manos.

Je ris, je sors, je bois et je mange.

Je souffre, je pleure, je crains et je change.
Je marche et je vois.

Je lis et je crois.

Je sens et j’ai peur.

C’est quoi la chaleur?

C’est toi et c’est moi.


Todo ha cambiado y conmigo, todo lo que me rodea. Ya ni siquiera recuerdo el cómo ni el porqué. Tampoco me di cuenta del momento en que empezó. ….

El pasado viene a mí en vivos colores. A veces también lo huelo, especialmente cuando reconozco en la gente que pasa a mi lado todos esos perfumes que me evocaron algo antes. Recuerdo el sabor de los primeros cigarrillos y la textura de mis pantalones de pana. También recuerdo el tacto del cemento cuando me he caí de la bici en la puerta de mi casa y me despellejé las manos. O el sonido de dentro de mi cabeza cuando me caí una noche de la litera mientras dormía. Presumo de tener memoria musical. ….

No recuerdo haber perdido demasiado el tiempo, aunque puede que tal vez solo me quede con lo recordable y haya acabado por desechar lo menos importante. Solía reírme bastante aunque por otro lado sólo tenía ganas de ser mayor y de saber qué haría yo años después. ….

Libretas de cuadros y jerséis con coderas dejan siempre paso a los folios y a la ropa de marca cuando uno crece. La edad adulta, en el momento oportuno, puede llegar a ser apasionante. Claro que uno siempre piensa en todo lo que queda por venir, olvidándose del pasado y prestando poca atención al presente. Por muy disparatado que pueda llegar a ser lo que uno hace, nunca nada es suficiente. Ahora, la verdad, me conformaría con poca cosa. ….

Despierto, me veo, y si no me tengo que afeitar, tengo una tos de perros o he de visitar al dentista. La época en la que el coche esta nuevo se ha acabado. Ahora son fundamentales las visitas al taller y las revisiones de la ITV. ¿Donde va uno ahora si no? ….


Te crees que estás hecho un chaval y un día decides irte con tu vecino a jugar una partida de tenis (de esas que uno recuerda de su época de esplendor) y acabas echando el bazo por la boca, sudando como un cerdo, deseando terminar para echarte un pitillo y tomarte una caña y con agujetas para todo el resto de la semana. ….

Tendría que haberlo sospechado, estas cosas no se deben tomar a la ligera. Uno debería tomarse en serio los pequeños avisos de la vida. Bendito don de la modestia… ….

Qué bien me habría venido saber interpretar, que si echas a correr detrás del autobús que se escapa y te empiezan a dar calambres por todas partes, es porque algo falla. Y lo peor de todo es el duro golpe al orgullo. Era más feliz antes de saber que no valgo para nada…..

Echo de menos cuando no le tenía miedo a las cosas. Con el paso del tiempo, consciente o no, me he ido dejando llevar por esos pequeños temores que al final se han convertido en auténticas pesadillas. Todo es psicológico desgraciadamente, y llegado a un punto, pierdo el control de los hilos de mi mente. ….

Si no, ¿por qué de pronto un día me hizo falta tumbarme en una camilla para sacarme sangre? ¡De donde sale esto ahora!? Sin duda creo que el verdadero responsable no es el factor psicológico sino la falta de desayuno…..

Antes todo era color en la vida, ingenuidad y desahogo. Me reía de los ejecutivos que se iban a tomar copas después del trabajo con el traje y la corbata y ahora soy uno de ellos. Incluso he llegado a descubrir el verdadero sentido de la comodidad que ofrece en verano la camisa de manga corta bajo la americana. ….

Antes relegaba el uso de la cuchilla de afeitar durante días, hasta cuando por voluntad propia decidía volver a notar la brisa en mi cara. Cuando salía con alguna chica recurría a ella con más frecuencia, eso sí que es verdad, pero ahora, sin embargo, me toca hacerlo todos los días, porque si no parece que uno falta a la higiene personal y eso, junto con lo de los calcetines blancos, constituye uno de los principales desaciertos del hombre de oficina…..

Vaya… también sin darme cuenta me convertí en una víctima más de la era moderna. Dependiente del teléfono móvil, el portátil y enganchado a Internet. Los videojuegos y sus noches en blanco (alguna vez he soñado en Tetris). El emule y el bajar porque sí. Víctima del vhs, del plus, del dvd y del tdt. Experto en ligues online, fondos de escritorio, actualizaciones del panda e iconos del Messenger. ….

No me preguntes cuanto cuesta una barra de pan o cuanto tarda en cocerse la pasta pero si quieres te digo cual es el momento ideal para pujar en Ebay por el enfriador de bebidas USB. ….

Supongo que algún día debí volverme vago. Vago para buscar (nuevo trabajo, novia, un par de calcetines limpios…), vago para hacer de comer, vago frente a los cambios… Digamos que llega un día en que uno se acomoda y entonces todo le importa un poco menos. Sencillamente, sin darte cuenta, te dejas llevar por la corriente de todo aquello que nunca quisiste ser………


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